POR QUÉ CAEN LOS ÁRBOLES EN EL DISTRITO FEDERAL 

¿Son válidas las razones que nos dan las autoridades?

¿Se podrían evitar las tragedias ocasionadas con la caída de los árboles?

¿Qué hacer?

Al principio (digamos, en los noventa del siglo pasado) solo se presentaban caídas “imprevistas” de los árboles en la época de lluvias, acompañadas de fuertes vientos. Ahora no, sea o no temporada de lluvias, en el Distrito Federal frecuentemente hay noticias de árboles que se derrumban causando daños y tragedias. Tenemos memoria de un accidente muy lamentable el 5 de Junio de 2003 (irónicamente el día del Medio Ambiente) cuando un eucalipto ocasionó la muerte de un adolescente y graves heridas a su madre, en Río Churubusco cerca de la confluencia con Viaducto Tlapan. Otro caso más reciente fue el de un gran ficus que cayó sobre un camión en Coyoacán, causando mucho daño, por fortuna sin víctimas humanas (Reforma, 5 de octubre de 2011, sección Ciudad). No pasa una semana sin que caigan más árboles.

 

No se necesitan muchos estudios para ver la gran cantidad de árboles muertos, secos, inclinados y peligrosos que hay en toda la ciudad. Lo más lógico es que una administración responsable empiece por eliminar y retirar estos árboles. En el “Circuito Bicentenario”, en un conteo rápido en marzo de 2012, se encontraron aproximadamente 500 árboles de riesgo en el tramo entre la “Ciudad Deportiva” Magdalena Mixhuca e Insurgentes.

 

Las autoridades actuales ya no pueden seguir argumentando que no se hace porque la ciudadanía les va a criticar por estar atentando contra la estabilidad ecológica. No es cierto, la realidad es que hay negligencia, falta voluntad política (la madre de todas las causas), existe una total descoordinación entre las diferentes instancias encargadas y el problema ha crecido principalmente en las vialidades primarias: “Circuito Bicentenario”, “Viaducto”, “Periférico”, etc. Con esta actitud, pareciera que se han propuesto que la gente en lugar de amar, odie los árboles.

 

Todos estos graves accidentes se pudieran evitar si existiese planeación o al menos previsión y mantenimiento de los árboles en la ciudad. Lamentablemente el resultado es que la gente ahora tiene mucho temor y sin más razonamientos prefiere desmochar o derribar árboles que no ameritaban estos tratamientos.

 

Un árbol  puede caer o derrumbarse por muchas razones, todas son explicadas por la Arboricultura: la ciencia y el arte del cuidado de los árboles urbanos. Se podrían clasificar estas causas en directas e indirectas. Las causas directas son  aparentes, son las que vemos y evidentemente han ocasionado que el árbol caiga; son los argumentos que utilizan las autoridades para “explicar” a la opinión pública la razón del fracaso: que el árbol tenía sus raíces descompuestas, que son especies de madera quebradiza y de raíces someras, que el suelo está reblandecido por las lluvias, que el árbol estaba muerto, inclinado, en un talud, que las lluvias son atípicas, etc., etc. En pocas palabras: los culpables son los árboles. Pero quien los plantó y los abandonó allí fueron las mismas dependencias delegacionales o centrales.

 

Las causas indirectas son las que están atrás y explican realmente por qué caen los árboles. Además de la falta de voluntad política, la negligencia y la ausencia de coordinación gubernamental, las más importantes y de las que vamos a tratar aquí son: falta de planeación en las arborizaciones urbanas, pésima selección de especies, plantación inadecuada, ausencia de previsión y carencia de mantenimiento para los árboles.

 

La planeación forestal urbana no debe ser trianual o sexenal, se hace para que los árboles duren 60, 80, 200 o 1000 años (aún tenemos árboles plantados por Netzahualcóyotl hace más de 500 años). La falta de este tipo de planeación ha sido la característica del tratamiento que se ha dado a las áreas verdes en el Distrito Federal desde mediados del siglo pasado, cuando la ciudad creció a un ritmo vertiginoso y hubo necesidad de crear espacios verdes. Así, el mal llamado “desarrollo urbano” se ha dado sin incluir, más bien a costa de destruir las áreas verdes para colocar cemento. Los sucesivos gobiernos de la ciudad han llevado a cabo trabajos de arborización orientados más por los intereses inmediatistas de los políticos en turno que por las normas de la Dasonomía y la Arboricultura; estas ciencias no han sido las herramientas de los administradores de las áreas verdes públicas para la toma de decisiones en cuanto a las plantaciones urbanas. Muchos funcionarios han viajado a Estados Unidos y Europa, seguramente habrán observado los parques y magníficos árboles en sus ciudades.

 

En la actualidad, la “política urbana” en cuanto al manejo de los árboles en el Distrito Federal es autorizar o derribar sin mayor razón todos los árboles; cualquier pretexto es bueno para destruirlos. A cambio, las delegaciones instalan una gran cantidad de plantitas en forma de seto que para nada van a lograr el desarrollo, ni alcanzar el aporte de los beneficios que nos garantiza un árbol. Esto es injusto social y ambientalmente; a todos nos está perjudicando esta visión tan ignorante y tan miope de nuestras autoridades.

 

En la actualidad, en el Distrito Federal, no se aprovecha todo el potencial de los árboles para amortiguar el calentamiento global, capturar y almacenar carbono, y reducir la contaminación ambiental, visual y auditiva. Al contrario, impunemente los desmochan de manera lamentable, como en el “Viaducto”, para dar preferencia a los grandes anuncios llamados dizque “espectaculares”. Se está perdiendo contacto con la naturaleza, se olvida que son mucho más espectaculares los árboles.

 

El resultado es que las áreas verdes de la ciudad se encuentran en un estado lamentable: especies inadecuadas para la función y el espacio en que deben crecer, árboles muertos, plagados, riesgosos, desmochados, amontonados que compiten unos con otros, mal instalados, inclinados y que no logran desarrollarse saludablemente; basta darse una vueltita por la avenida “Ejército Nacional”, a la altura de Polanco, es tan solo un botón de muestra. Por desgracia esta situación no ha cambiado hasta el momento  y el triste espectáculo de árboles que causan daños se sigue repitiendo, cuando de haber planeación estas tragedias se pudieran evitar.

 

La selección de las especies no ha sido la indicada para los diferentes sitios de la ciudad y para la función que se desea que cumplan los árboles. No se siguen las indicaciones de las técnicas de la arboricultura, se trabaja al “vapor”, se adoptan criterios políticos en donde ha imperado la “norma” de la cantidad y no la calidad de los árboles. Actualmente, en el Distrito Federal, los árboles no viven más de 40 años, en promedio. Se plantan especies de talla chica, de mala calidad, que en poco tiempo ya están plagadas, mal enraizadas, con crecimiento defectuoso y por consiguiente, con riesgo de caer fácilmente.

 

La plantación de los árboles es inadecuada: aún hoy, en el siglo XXI, los árboles se siguen plantando abajo del nivel del terreno, enterrados como postes, como todavía se hace en las áreas rurales; se colocan sin una infraestructura especial como lo manda la arboricultura, que garantice un desarrollo sano, seguro y amplio de sus raíces.

 

En la actualidad no hay excusas, existe la técnica para diagnosticar y valorar el riesgo que representa un árbol; en México tenemos Arboristas Certificados por la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA, por sus siglas en inglés), los especialistas en el cuidado de los árboles. Es posible prever, medir el grado de avance en la descomposición de la madera, la condición de las raíces, la estabilidad estructural y el estado de vigor de un árbol; de tal manera que se puede determinar con alto grado de certeza si el árbol va a fallar, hacer las previsiones y tomar con anticipación las medidas necesarias. Además, la arboricultura cuenta con un arsenal de herramientas y técnicas para tratar y resolver los problemas de los árboles. Y lo más importante, medidas que de tomarse a tiempo salvarán al árbol y evitarán que éste cause más tarde daños irreparables.

 

Es la hora que no tenemos datos actualizados acerca del recurso árbol urbano en el Distrito Federal. Las preguntas básicas del manejo dasonómico: qué, dónde, cuánto, cómo, cuándo, quién, aún no se responden.  Cuántos árboles tenemos, de qué especies, cómo están distribuidos espacialmente, en qué condición se encuentran, qué requieren, cuánto cuesta su tratamiento, cómo lo vamos a realizar, cuándo y quién lo va a ejecutar son aspectos de los árboles que se ignoran en el Distrito Federal. Las delegaciones trabajan en una labor típica de bomberos (con todo respeto para los bomberos, en su caso plenamente justificado) resolviendo lo inmediato, no lo importante; trabajando hoy aquí, mañana allá, a ciegas, sin ningún plan sistemático, con personal carente de capacitación, y sin una dirección técnica en el campo, para realizar los tratamientos adecuados que demandan los árboles.

 

Además del desmoche (cortar irracionalmente), el mantenimiento que se da al arbolado en el Distrito Federal con las “podas de elevación del fuste”, como equivocadamente les llaman, no ha hecho más que empeorar el problema, al elevar exageradamente la copa de los árboles, dejándolos como palmeras, haciéndolos más propensos a caer por el efecto de palanca que se hace cuando les da el viento o por el peso del agua en el ramaje. En la Ciudad de México aún no se conoce ni se practica la poda de los árboles, a los contratistas les resulta eficaz hacer desmoches porque saben que de esta manera serán contratados con más frecuencia, pero a nosotros, los ciudadanos, no nos conviene esa práctica. El control del muérdago, una plaga urbana de los árboles que los está matando, consiste para las autoridades en desmochar, mutilar y destrozar, condenándolos, ahora sí, a la muerte.

 

La situación amerita que se reconozca que estamos como estamos y se tomen ya las medidas conducentes para ordenar y orientar el manejo del recurso árbol urbano. Estas directrices son de diferente índole: legal, administrativa, técnica, social, organizativa, económica y política, principalmente. Pero bien vale la pena trazar estas orientaciones, y parece que es tarea de todos: sociedad, gobierno, arboristas (los especialistas en el cuidado de los árboles urbanos) y todos aquellos que vean la importancia de contar con los árboles que merece la Ciudad de México. Árboles que no causen pavor (tanto por su peligrosidad como por su feo aspecto), al contrario, que evoquen placer, que embellezcan el entorno y ayuden a mejorar nuestra calidad de vida.

 

El 6 de octubre de 2010, expusimos esta situación ante la Comisión Ambiental de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal pero, hasta el momento, nada se ha hecho al respecto (http://www.rivasdaniel.com/Pdfs/Cultura_arbol.pdf).

 

Mientras no se haga lo que se requiere la frecuencia de la caída de los árboles va a aumentar en el Distrito Federal. Aquí bien valdría la pena una lluvia de ideas para orientar la discusión e ir construyendo el camino hacia una sustentabilidad urbana teniendo en cuenta a los árboles. Porque los árboles seguros y saludables son imprescindibles para un desarrollo urbano sustentable. 

 

 

 P.D. Es muy probable que mucha de esta problemática también se esté presentando en otras ciudades de la República Mexicana.

 

Documento elaborado por Daniel Rivas Torres, Arborista Certificado por la Sociedad Internacional de Arboricultura. 2012.

Nota: este escrito sigue teniendo vigencia hoy sábado 6 de septiembre de 2014.

 

http://www.rivasdaniel.com

Email: rivasdaniel@usa.net